Retrato hablado
Greta la Alemana

Helena Aguirre

Mi historia con Greta comenzó en una alegre fiesta de primavera. Entre el vibrante
sonido del mariachi y los deliciosos sabores de un buffet mexicano. Aunque en el
bullicio de la fiesta era difícil una conversación; pronto descubrí que detrás de su
reservada apariencia se escondía una mujer extraordinaria.
Greta es la definición de la libertad pura. A sus 80 años, posee una energía
envidiable y una sencillez que encanta: no usa maquillaje, lleva el pelo corto al
natural y huye de las ataduras. ¡Imagínense que no tiene mascotas, plantas que
regar ni teléfono celular, nada que condicione su espíritu viajero!
Nuestra amistad nació gracias a un detalle de apoyo: la ayudé a enviar sus pinturas
a sus nietas en los Estados Unidos. En agradecimiento, me invitó a cenar, fue
cuando me abrió las puertas de su pasado.
Greta me habló de como la vida la llevo de una Alemania gris de posguerra, de
años dedicados a la costura de uniformes para soldados y de una migración
valiente hacia los Estados Unidos a los 25 años. Y su destino final fue la tranquilidad
de las calles empedradas de San Miguel de Allende. Tras jubilarse a los 62 años,
decidió cambiar su negocio por el arte y la escritura, buscando una economía más
amable que le permitiera financiar su pasión de viajar por el mundo.
Lo que más me gusto fue su ojo fotográfico. Me mostró sus aventuras por China y,
mientras pasábamos las fotos, descubrí: ¡la increíble similitud entre los rasgos
físicos y las vestimentas de algunos pueblos asiáticos y nuestros lugareños de
Chiapas y Oaxaca!
Esa tarde, entre anécdotas de viaje y tazas de té, me dejó una curiosidad inmensa
por investigar más, sobre los hilos invisibles que conectan las civilizaciones de
América del sur y Asia.
Greta tuvo el freno que no se desea, su mente falló y se convirtió en un rehilete de
repeticiones sin sentido. Actualmente vive en una Casa Hogar lejos de SMA. Fue
increíble conocerla de cerca.