La Burrita de Algodón
Y la Niña Soñadora

Helena Aguirre


Había una vez un lugar que parecía ser pintado por un famoso artista: el Rancho la
Sandia. En ese rincón del campo, los pastos no eran solo verdes. Sino de un tono
azulado profundo, salpicado por miles de cristales brillantes que el rocío de la mañana
de verano dejaba como regalo.

Bajo una suave brisa que esparcía el perfume dulce de las flores silvestres, algo
maravilloso sucedió. En un pequeño establo construido con carrizos y tejas, sobre una
alfombra de paja dorada, nació Luna.

Luna no era una burrita común. Tenía el pelaje tan blanco como una nube de azúcar y
unos ojos grandes y chispeantes que parecían guardar toda la luz del día. Su mamá
con mucha ternura, la limpió con su lengua hasta que el pelaje de la pequeña quedó
brillante y suave, ¡parecía auténtica espuma de mar!

Con los mimos de su madre, luna creció sana, fuerte y… ¡muy, pero muy traviesa! Para
Luna, el campo era su patio de juegos gigante.

Cada mañana, cuando llegaba la hora de trabajar, su dueño la llevaba al campo para
ayudar con el arado. Pero Luna tenía otros planes. En lugar de caminar derechito, la
burrita sentía que sus platas tenían vida propia:
_ ¡ Zas ! Saltaba hacía la izquierda para perseguir una mariposa monarca.
_ ¡ Zas ¡ Corría hacia la derecha intentando platicar con un abejorro
_ ¡ Pum ¡ Se distraía mirando el vuelo intrépido de un halcón.

El dueño de Luna, rascándose la cabeza y viendo los surcos de la tierra más chuecos
que un garabato, exclamaba entre risas y suspiros:

“ ¡ Ay, pero que cosa con esta Luna ! es tan rejega y juguetona que
no se da cuenta de cuánto trabajo tenemos. Ella solo quiere jugar y no
me ayuda con el arado. ¡ Se distrae con cada bichito que vuela ! No sé
qué hacer con esta burrita de algodón.”
Pero aunque el granjero protestaba, en el fondo no podía enojarse. Porque cuando
Luna lo miraba con esos ojos dulces y daba un brinco alegre en medio del campo,
hasta el sol brillaba con más ganas en el Rancho la Sandia.
Mientras tanto, lejos del rancho, en la Colonia Olivos, vivía una niña llamada Mar, ella
era delgadita como una bailarina de papel, con el cabello dorado como hilos de elote.

Su hermana mayor siempre le hacía dos coletas, que, aunque quedaban un poco
chuecas, enmarcaban a la perfección sus ojos grandes y misteriosos.

A Mar le encantaba aprender. Escuchaba cuentos de Hadas, y cuando cerraba los ojos,
sentía que le brotaban alas de seda para volar cobre castillos encantados. Ella
extrañaba jugar con su mamá que trabajaba mucho; pero sus hermanas mayores
convertían cada viaje al rio cercano a su casa en una fiesta de risas y chapuzones.

Un día, un anuncio emocionante recorrió las calles de la colonia:
_ ¡ Mar, corre! ¡ Ya llegó el señor de la burrita !

Al final de una fila que parecía eterna, Mar y Luna se encontraron.
_ Primero, debes acariciarle la cabecita para que te tenga
confianza _ dijo el señor.
Mar estiró su pequeña mano y sintió la suavidad de su pelo de algodón.
_ Luna, ¡ Que bonita eres! _ susurró la niña.
Y, en el idioma mágico que solo los niños y los animales entienden, Luna pareció
contestar:
_ ¡Gracias, Mar! ¡Súbete, vamos a jugar!
El paseo fue un poema en movimiento. Luna no caminaba, ¡saltaba de alegría! Mar
extendía sus brazos como si fuera a despegar hacia las nubes.
En ese momento la calle se convirtió en un prado infinito donde dos amigas corrían y
reían.
Más tarde el fotógrafo capturó el instante, pero el brillo de ese encuentro no se quedó
solo en el papel amarillento; se guardó para siempre en el cofre de los recuerdos de
Mar.
Pasó el tiempo y Luna dejo de visitar la colonia.
Un día, el señor regreso con una bicicleta y noticias felices: Luna se había quedado en
casa para cuidar a su propio hijito, un burrito que seguramente heredaría sus ganas de
saltar.

Esa tarde, Mar miro a través de un visor de cuerda. Al darle vueltas a la manivela, vio
campos llenos de amapolas, rosas y girasoles. Y allí, entre los colores del cine
miniatura, le pareció ver a Luna, guiñándole un ojo y diciéndole bajito:
_ No dejes de soñar Mar, Nos vemos pronto en el mundo de los
juegos.

FIN